Dado un conjunto N tendente a infinito es inevitable que absolutamente todo suceda, siempre que se disponga de tiempo suficiente o infinito , y he ahí donde está el verdadero problema irresoluble o quid de la cuestión de la existencia ¿quién nos garantiza que dispongamos del tiempo necesario para que ocurra lo que debe o deseamos que suceda?


sábado, 2 de julio de 2016

La verdad pura


A lo largo de la filosofía el concepto y definición de verdad pura ha sido motivo de reflexión y debate por la pluralidad de enfoques y perspectivas. Al concepto de verdad pura a menudo se le encuentra ligado una serie de connotaciones como verdad universal o absoluta. Si bien en relación al concepto de verdad universal habría que hacer un comentario previo sobre el modo en que se entiende este concepto en Probabilidad Imposible.

Tradicionalmente para la filosofía la verdad universal es pura por cuanto es una verdad incuestionable, válida para todo momento y lugar. A este concepto de verdad pura o verdad universal contribuye incuestionablemente la nueva ciencia que emerge desde Copérnico, Galileo, a Newton, en donde sobre un lenguaje matemático se explica el comportamiento del universo. Sin embargo, después de la crisis del positivismo lógico a mediados del siglo XX el concepto de verdad universal ha cambiado de modo significativo.

Antes de la crisis del positivismo se entendía que una verdad universal era una especie de ley universal válida para todo tiempo y espacio. A partir de la crisis del positivismo se entiende que las verdades pueden ser universales, es decir, válidas para todo el universo, pero sólo de modo provisional, mientras no se rechace la hipótesis por el descubrimiento de nuevos hallazgos que lo contradigan. En este sentido el relativismo del segundo Wittgenstein y La lógica del descubrimiento científico de Popper, marcan una nueva evolución en la filosofía, en donde si bien hoy en día aceptamos como universales, en tanto aplicables a todo el universo, determinadas verdades, son verdades universales provisionales, hasta que descubramos algún nuevo fenómeno que ponga en duda nuestros conocimientos anteriores.

Debido a la evolución en la concepción de la verdad en la filosofía del siglo XX en Probabilidad Imposible se menciona a menudo el concepto de proposiciones universales provisionales en las ciencias sintéticas, por cuanto independientemente que una proposición tenga rango universal, válida para todo el universo del cual ha sido extraída la muestra, sea un universo infinito o limitado, es en todo caso provisional, por cuanto desconocemos si pueden ocurrir nuevos sucesos a futuro que pongan en cuestionamiento todas nuestras proposiciones previas.

Por este motivo, si uno de los rasgos de la verdad pura es su carácter universal y absoluto es un concepto que ha sido objeto de crítica. De un lado, de forma más reciente por la propia concepción del universalismo, en crisis en el siglo XX, y de otro lado por el propio debate que a lo largo de la historia ha generado la propia afirmación de la verdad absoluta: que implica el conocimiento de absolutamente todo, o en otras palabras, el conocimiento del todo absoluto.

En líneas generales se puede decir que existen dos grandes corrientes o paradigmas en relación a la verdad absoluta: los que aceptan la existencia de la verdad absoluta, y los que rechazan su existencia.

Dentro de los que aceptan la existencia de la verdad absoluta habría a su vez dos subcorrientes: aquellos que no sólo la aceptan sino que además estiman que es cognoscible, y aquellos otros entre los cuales se engloba la teoría de Probabilidad Imposible que aceptan su existencia pero disienten sobre la posibilidad de su conocimiento.

De otro lado, dentro de la corriente o paradigma que rechaza la existencia de la verdad absoluta habría que destacar dos grandes subcorrientes: los que no reconocen la existencia de una verdad absoluta por cuanto sólo conocemos hechos, y los que no reconocen la verdad pura por cuanto la verdad es relativa.

Dentro del paradigma de la verdad absoluta, en la corriente que no solo la acepta sino que además postulan la posibilidad de su conocimiento, se encontraría el idealismo de Platón en virtud del cual las matemáticas son la propedéutica para el ejercicio de la dialéctica de la que emana el conocimiento de las ideas, produciéndose una triple identidad entre: verdad, bondad, belleza; en un mismo vértice confluirían las máximas aspiraciones humanas de conocimiento, ética, y estética. Al igual que Platón, Hegel estima posible el conocimiento de la verdad absoluta en tanto que la dialéctica nos permite el conocimiento de todo lo relacionado con cualquier fenómeno, tanto lo que es, tesis, como lo que no es, antítesis, sintetizando para sí una idea absoluta del objeto.

De otro lado estarían aquellas escuelas que defendiendo la existencia de la verdad absoluta estiman que es incognoscible, dentro de la cual se encontraría Kant, en tanto que el noúmeno o ser en sí del ente escapa al conocimiento humano, tesis que comparte Probabilidad Imposible: sabemos que ocurre algo, pero nunca sabemos lo que realmente ocurre, porque de todo lo que ocurre tan sólo conocemos fenómenos, a través de sucesos y ocurrencias que a través de aparatos de observación y medición transformamos en datos cuantitativos susceptibles de estudio lógico-matemático. Pero más allá de los datos nunca sabemos lo que realmente pasa. La verdad no es unidimensional, es dialéctica.

Por otra parte estarían aquellas escuelas que rechazan la existencia de la verdad absoluta, en donde habría que localizar aquellos que sostienen su rechazo por cuanto sólo conocemos hechos, donde se ubicaría desde el empirismo radical de Hume, cualquier atribución causal es fruto de la costumbre o consenso social, o el materialismo de Marx, la verdad nunca es pura por cuanto la interpretación de los hechos obedece a intereses de clase. Y aquella subcorriente que rechaza la verdad absoluta por cuanto postulan el relativismo del conocimiento, propio de las teorías postmodernas.

En la teoría de Probabilidad Imposible, a diferencia de quienes rechazan su existencia, se acepta la hipótesis de la existencia de la verdad pura, si bien sería una hipótesis completamente teórica, por cuanto la podemos formular teóricamente, pero no la podemos demostrar, dado que debido a su naturaleza incognoscible es indemostrable, es sólo una hipótesis teórica, al igual que la hipótesis de la existencia del infinito.

A menudo se tiende a pensar que la lógica y las matemáticas son un modelo de verdad pura, y muy probablemente sean  las ciencias cuyas proposiciones se asemejen lo más posible a lo que debería ser una verdad pura, pero hay multitud de cuestiones ante las cuales se revela las limitaciones de la naturaleza humana. El hecho que no sepamos responder a preguntas como el infinito ¿son infinitos los números primos, es infinito el número pi? y todavía hoy halla conjeturas y problemas matemáticos sin resolver, por ejemplo los del milenio del Clay Mathematics Institute, son ejemplos que si bien el método lógico-matemático es el más adecuado para el progreso a la verdad pura, no por ello realmente la alcanza, revelando una profunda sujeción a las limitaciones humanas.

Dentro de la taxonomía tradicional de las disciplinas académicas, normalmente se distinguía entre humanidades, ciencias puras, y ciencias aplicadas. Las humanidades son las disciplinas clásicas, más relacionadas con las letras, las artes,  la historia, y la filosofía. Las ciencias puras aquellas que utilizan el método científico para la obtención de un conocimiento sustantivo, orientado al saber que, desprovisto de interés utilitario o funcional, entre ellas  las matemáticas, la física, la química, la biología, la geología. Y las ciencias aplicadas aquellas ciencias que, utilizando el método científico, aplican el conocimiento sustantivo desde un interés práctico o pragmático, orientado al saber cómo, luego  surgen de la aplicación de las ciencias puras a determinados fines y situaciones, sea por ejemplo el uso práctico de la biología en medicina, veterinaria, botánica, el uso práctico de la química en farmacología y la producción de sustancias químicas para uso doméstico o industrial, o el uso práctico de las matemáticas y la física en ingenierías y estudios técnicos.

De este modo cabe diferenciar entre verdad pura y ciencias puras. Las ciencias puras son aquellas que no guardan relación con las humanidades ni los estudios aplicados. La verdad pura hace mención a la posibilidad de existencia de una verdad atemporal sobre absolutamente todo lo que ocurre, sobre la vida y el cosmos.

Antes de la crisis del positivismo a mediados del siglo XX probablemente fueran factibles conexiones entre ciencias puras y verdad pura, por cuanto se creía en la posibilidad de verdades científicas universales, para todo tiempo y espacio del universo, al estilo de la física de Newton, uno de los ideales de la verdad pura durante la modernidad. Sin embargo, a posteriori de la crisis del positivismo del siglo XX, pensar que a través de las ciencias pura se accede a la verdad pura es cuestionable.

En todo caso, del conjunto de lo que tradicionalmente se han denominado ciencias puras, lo que sí podría decirse es que, si bien no alcanzan en modo absoluto la categoría de verdad pura, por cuanto son disciplinas que presentan limitaciones, la lógica y las matemáticas serían actualmente las disciplinas modelo de proposiciones puras, por cuanto el tipo de proposiciones analíticas que desarrollan son producto de procesos racionales puros, sin mediación de datos sintéticos.

Independientemente de cualquier otro factor empírico, si tenemos una colección de datos, a los cuales denominamos puntuaciones directas o frecuencias, sea cual sea su origen, y cada dato pertenece a un elemento, al que denominamos sujeto u opción, la probabilidad de cada dato asociado a cada elemento es igual al dato de ese elemento entre la suma de datos, y el cociente es igual a un resultado que oscila entre cero y uno. El menor resultado posible de ese cociente es cero, y el máximo resultado posible de ese cociente es uno. Si promediamos todas las probabilidades de todos los datos de todos los elementos, la media aritmética será igual a la inversión del número de elementos, uno entre número de elementos estudiados. Y la diferencia de la probabilidad de cada elemento menos la media será igual a la distancia de cada elemento respecto la tendencia central, en donde la suma de las diferencias que obtengan signo positivo será igual al valor absoluto de la suma de las diferencias de sesgo negativo. En cualquier caso la máxima diferencia de signo negativo posible sería igual a cero menos la media, es decir, el valor absoluto de la media, y la máxima diferencia de signo positivo posible sería igual a uno menos la media. Y la máxima desviación media igual al promedio del duplo de la máxima diferencia de signo positivo.

Todas estas proposiciones son analíticas, y es lo más próximo a una verdad pura, independientemente de la naturaleza empírica de los hechos, o la ideología del observador, estas proposiciones analíticas revelan una serie de relaciones lógicas entre sí independiente de cualquier otro factor empírico o ideológico.

La verdadera verdad pura sería aquella verdad de carácter absoluto y universal en su sentido más pleno y clásico: la verdad de todo tiempo y espacio fuera de error perceptivo o interpretativo. Las proposiciones analíticas: el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos, el área del triángulo es igual a dividir entre dos el producto de base por altura, el diámetro del circulo es igual a dos pi radio, el área del circulo es igual a pi radio cuadrado, la media de una colección de datos de unos elementos es igual a la suma de los datos entre el número de elementos. El conjunto de proposiciones analíticas expuestas serían proposiciones puras por cuanto presuponen una serie de predicados atribuidos a una serie de sujetos cuya relación se define por ser estrictamente lógica sin que medie error aparente, aunque, debido a la propia naturaleza incoherente o inconsistente de las matemáticas, tampoco podríamos afirmar categóricamente su absoluta certeza, lo que, dentro de un margen de duda genera un espacio racional de nihilismo lógico.

En Probabilidad Imposible se diferencia entre proposiciones analíticas y proposiciones sintéticas. Las proposiciones analíticas son propias de las ciencias analíticas, cuyo paradigma son las proposiciones lógico-matemáticas, si bien dentro de las ciencias analíticas se incluye también el análisis lingüístico. De hecho las matemáticas en sí mismas no son otra cosa que un lenguaje, las matemáticas son el lenguaje de la ciencia. En tanto que las ciencias analíticas son las disciplinas encargadas del análisis del lenguaje entre las ciencias analíticas habría que incluir el análisis de los lenguajes artísticos, desde el análisis del dibujo y la pintura, la literatura, la escultura, la arquitectura, la danza, el cine, o cualquier otra expresión artística.

De todas las proposiciones analíticas de las ciencias analíticas las proposiciones lógico-matemáticas serían las más paradigmáticas por cuanto son las que permiten mayor progresión a la verdad pura, aunque en todo caso, también las proposiciones matemáticas están sujetas a limitaciones en su grado de coherencia y consistencia.

La verdad pura revela una naturaleza incognoscible, si acaso nos podremos aproximar a su conocimiento en el ascenso de los fenómenos al conocimiento puro a través del razonamiento, pero el conocimiento puro en sí mismo se demuestra más allá de nuestra actual naturaleza humana, fisiológicamente limitada. En lo finito no cabe el infinito, luego cualquier conocimiento sólo puede ser parcial. De todas las matemáticas nunca conoceremos absolutamente todo, si acaso una parte, y es de la parte que conocemos de lo que nos fiamos, si bien todo lo demás permanece en la penumbra. Muy probablemente sólo hemos descubierto la punta de un iceberg de dimensiones infinitas. Y en el descubrimiento de nuestra propia ignorancia, lo que hoy creemos un cuerpo de conocimiento lógico-matemático coherente y consistente, algún día se demuestre insuficiente, dando lugar a nuevas revoluciones paradigmáticas.